OTRA VEZ CONTRA SU HISTORIA
J.L. HERMIDA USCANGA
La derrota en el primer juego y sobre todo de la manera en que sucedió, fue un golpe anímico muy complicado para los Pericos de Puebla.
Al contrario, para los Algodoneros de Unión Laguna significó, además de tomar la delantera en la Serie del Rey, colocar su estado de anímico por los cielos.
Fue triste ver cómo el cerrador de los Pericos, Elkin Alcalá echaba a perder otra enorme labor de Gabriel Ynoa y el magistral relevo de Roel Ramírez.
Esta vez, el colombiano no pudo cumplir con la tarea, ni consumar esos dos últimos outs como sucedió en aquel sexto choque de la serie contra Diablos, cuando con los Escarlatas en plena rebelión y con la casa llena, dominó al temible Japhet Amador en rola para doble matanza para finiquitar la serie.
Si algo caracterizó al pitcheo verde en los primeros ocho episodios fue su control, pero increíblemente en la novena apareció el descontrol de Alcalá al regalar par de boletos, que se convirtieron en las carreras del empate, echó a perder todo.
Lo que no entiende la afición ni entendemos nosotros tampoco, cuando ya con el juego empatado 4-4 con un out, corredores en los dos últimos sacos y la primera base desocupada decidieron lanzarle al primero en el orden Allen Córdoba en lugar de pasarlo intencional para llenar los senderos y buscar una jugada salvadora con Muno.
Ignoro que pasó en ese momento por la cabeza de Sergio Omar Gastélum. Quizá, pensó que era preferible quete ganaran con el batazo a que te dejaran en el terreno con una carrera de caballito, tomando en cuenta que Alcalá andaba fuera de la zona de strike.
Aunque con corredor en tercera y un out, Laguna podía anotar con algún elevado profundo o cualquier otra jugada, pero con la casa llena también te pudieron dejar en el terreno, pero al mismo tiempo existía la posibilidad de una rola al cuadro para buscar el doble crimen salvador; o de plano buscar el forzado en home para que no entrara esa carrera.
Acepto que a “toro pasado” es fácil opinar, pero la lógica del beisbol y cómo estaban las circunstancias del partido, se antojaba hacer lo que todos los managers de escritorio, de televisión y tribuna opinamos.
Me preguntaba por un mensaje de whatsapp, Pablo Gutiérrez Delfín, el gran pitcher veracruzano, miembro de aquella magistral rotación abridora de 1979 y que ganó el tercer duelo de la final en Ciudad Juárez que aseguró el regreso de la serie al Hermanos Serdán en ese año, “oye paisano ¿porqué Gastélum no dejó a Roel Ramírez para la novena? El muchacho estaba dominante, y ese primer juego había que ganarlo sí o sí, pero entiendo que es la nueva manera de dirigir de estos tiempos”.
Y abundó Pablo “recuerdo que una vez me tocó relevar a Justino Delfín en la novena entrada, el juego se extendió a 20 episodios y me tocó lanzar los últimos 12. Y lo hice con gusto”.
Bien lo dijo Pablo, son otros tiempos, y ya no existen los brazos de acero del pasado.
Ese golpe anímico afectó de tal manera a Pericos, que en el segundo duelo falló desde el mismo amanecer del partido su segunda carta estelar, Yoimer Camacho, y Laguna se dio un festín de bateo para terminar aplastando a los verdes y tomar la delantera en la Serie del Rey dos triunfos contra cero.
Ahora los Pericos en el regreso de la batalla al parque Hermanos Serdán desde el lunes, tendrán otro desafío que vencer en contra de su historia, como sucedió frente a los Diablos, a quienes jamás habían podido derrotar en una postemporada con ese nombre de batalla.
Sí, porque ahora los verdes tendrán que sacudirse nuevos fantasmas en una Serie del Rey y levantarse por primera vez de un 0-2 en contra lo que no han podido conseguir en tres de las últimas cinco finales que han disputado.
Sí, tomando en cuenta los títulos de Ángeles, Ángeles Negros y Pericos, las tres ocasiones que se han coronado desde 1979 a la fecha, cuando los equipos poblanos dividieron honores en los dos primeros desafíos terminaron ganando el banderín, como le sucedió a los verdes en 2016 contra Tijuana.
Pero, cuando han perdido los dos primeros partidos ya sea en casa o fuera de ella, han terminado perdiendo la batalla.
Sucedió en 2010 cuando llegó como gran favorito y perdió los dos primeros desafíos en el parque Hermanos Serdán contra Saltillo y terminó cayendo en cinco partidos, incluso con una derrota humillante de 20-1 en el quinto juego en el Francisco I. Madero.
En el 2014 también fracasaron en los dos primeros desafíos en casa frente a Diablos y terminaron barridos en la serie; y la última vez en 2017 en la segunda batalla consecutiva frente a Tijuana, perdieron los dos primeros en la frontera, y aunque tenían la posibilidad de levantarse en casa, solamente pudieron ganar uno y los Astados se convirtieron en el primer equipo visitante que festeja un banderín en el Nido Verde.
La lucha será de nuevo contra la historia y el panorama es más que complicado después de no poder salir con los brazos en alto cuando ya utilizaste a tus dos mejores cartas del pitcheo.
Héctor Villalobos y Ruddy Acosta tendrán que sacar lo mejor de su talento para tratar de revivir a los verdes en los juegos tres y cuatro, o de plano, ahora sí prender veladoras y rezarle a Tláloc para que se haga presente por lo menos por un par de días, para que a la voz de ya Gastélum vuelva a echar mano de Ynoa, el único capaz de someter a la gente de José Benjamín Molina, y meter de nuevo en la pelea a los Pericos.
De que se puede se puede, porque en el beisbol nada se encuentra escrito, y aunque se necesita de un verdadero milagro, si un equipo es capaz de resurgir de sus cenizas esos son estos Pericos de Puebla del Güero Gastélum, que estamos seguros saldrán a partirse el alma ante su afición y a tratar de regresar en esta Serie del Rey.
Ya lo dijimos. Ya en este 2023 acabó con la jettatura de los Diablos, entonces ¿por qué no levantarse entonces de un 0-2 en contra para darle el toque de mayor emoción a esta gran campaña?
Claro que se puede.
