Franquicia sólida

En el beisbol se gana y se pierde, y jamás en el deseo de un equipo estará caer en malas rachas y derrumbarse de la noche a la mañana.
En el ya lejano 1995, los Pericos de Puebla vivían una gran campaña bajo el mando de “Paquín” Estrada. Estaba la ilusión de borrar esos dos años previos que fueron fatales, pero de buenas a primera todo se vino abajo.
El equipo dejó de jugar la pelota que estaba jugando, se pasó de la ilusión a una nueva decepción, y no sólo Puebla se quedó sin playoffs, sino también, sin beisbol, ya que la franquicia fue vendida a Cancún.
La marcha se debió a que, sin el éxito deportivo, la afición se aleja, y sino existe el apoyo externo del gobierno, los fondos se acaban.
Esa etapa fue difícil para Puebla. Ya no eran los tiempos de los Budib, de los Pérez Avellá, que no dependían del apoyo gubernamental para armar súper equipos.


Esos tiempos volvieron en esta nueva era, desde Carlos Peralta, Ricardo Henaine, el contador Moreno Valle -con el apoyo de empresarios y gobierno-, Gerardo Benavides y José Miguel Bejos.
Si con una directiva, Puebla se ha sentido una franquicia sólida es precisamente, desde que tomó el mando a finales de 2018 José Miguel Bejos y el grupo Mota Engil México.
No sólo se han preocupado por tener un equipo competitivo, mismo que fueron construyendo desde cero, sino por todas las mejoras que le han hecho al estadio Hermanos Serdán, al que consolidaron como un escenario cómodo, de primera, donde puedes ir a disfrutar con gusto el juego.
Siempre se batalló con el alumbrado. Era el dolor de cabeza de todos los directivos, pero, a pesar de que le metían mano, año con año, nadie encontraba una solución.
La nueva directiva lo hizo. Cambió todo y por fin, el Hermanos Serdán contó con el escenario que se merece, con alumbrado digno de un deporte profesional.
De ahí, la pantalla gigante, que es de las mejores que existen en estadio alguno, y mover el área de bullpen a la zona de los jardines le dio al Hermanos Serdán ese plus que faltaba.
El club house, el premio especial después del banderín, se encuentra a la altura de cualquier estadio de Estados Unidos.
La zona de restaurantes representa un atractivo extra para los aficionados, y el buen ambiente que se vive y se disfruta no se compara con nadie.
A veces se exceden en la música y en su volumen, pero ya creo también, ya son parte de los achaques de los años.


¿Y el pago? Eso no tiene punto de discusión.
Varios jugadores de otros equipos, incluso integrantes del cuerpo técnico, más de una vez me han externando en confianza ¿me encantaría venir a Puebla? Y eso por qué, lancé la pregunta.
“Todos los equipos batallan con sus finanzas, pero esa directiva de los Pericos es un ejemplo. Es de las pocas que paga a tiempo y carece de problemas económicos”.
Por eso es extraño que, cuando el equipo atraviesa por una racha de resultados, se comience a manejar que es porque no les pagan a tiempo.
“Si en un lado pagan cuando corresponde es aquí”, me confió alguien muy cercano al club.
¿Bonos? En el beisbol no es como en otros deportes donde a los jugadores se les ofrecen primas dependiendo de los resultados.
Aquí, el pelotero, que se rompe el alma todos los días prácticamente -entre juegos y viajes el día de su descanso-, devenga un salario y eso es más que suficiente.
Ellos salen a defender lo suyo, y a rifársela por su gente, pensando en llegar a playoffs para cobrar una quincena o un mes más, sin que nadie le regale nada.
A cada integrante del equipo se le entregan viáticos para cubrir el costo de su comida en sus giras. Es lo único extra a lo que aspiran, porque la Liga Mexicana tiene prohibido los bonos extra, incluso en la misma postemporada.
Las buenas y las malas rachas van a estar presente siempre en el beisbol, como le ha sucedido en esta misma campaña a Diablos, Oaxaca, León, Tabasco y a los mismos Pericos, que han subido y bajado como péndulo, llegando a estar en la parte más alta y cayéndose, como en el caso de los verdes, hasta el quinto lugar.
Pero ni las buenas sucederán porque le están otorgando bonos, ni las malas, porque aparezcan temas internos, que sólo a los protagonistas le competen.
Las dos son simples falacias de la vida, porque en el beisbol lo único real son los dos principales actores del juego: el triunfo, que se busca día con día, y la derrota, que se trata de evitar siempre.
Y los ajustes en el equipo, si son necesarios, hay que dejarlo en manos de la gerencia deportiva, que sabe mejor que nadie lo que se necesita para ser más fuertes y mejores cada día.
Y así simplemente dejamos de meternos en situaciones internas que no nos competen.
Así de fácil.