Los grandes momentos

J.L. HERMIDA USCANGA

Lo que se vivió el domingo por la noche en el parque Hermanos Serdán es uno de los momentos más emocionantes que ha disfrutado la afición en los últimos años en el escenario poblano.

Y miren que los Pericos han brindando emociones a raudal desde que llegaron a Puebla en el año 2000 para marcar una de las etapas más impresionantes en la historia de la franquicia.

Ni los Ángeles de los 70, ni los Ángeles Negros de los 80 consiguieron esa comunión que están logrando los Pericos, ni el éxito, válgase las comparaciones, que han logrado acumular los verdes en esta su nueva historia en Puebla en esta nueva etapa de 23 años.

Sí, porque en los 70 se armó un equipazo, que siempre estuvo ahí, peleando, con uno de los cuerpos de pitcheos más impresionantes que ha tenido la escuadra poblana.

Pero el equipo se quedaba ahí, porque siempre se encontraba en el camino a los Diablos, que no los dejaba pasar, hasta que en 1979 ya no aparecieron los Rojos en su andar y se perfilaron a la conquista del banderín.

Ese cuerpo de abridores mexicanos es de lo mejor que ha tenido Puebla con Ernesto Escárrega, César Díaz, Pablo Gutiérrez Delfín y Fernando López, y como bombero de lujo “El Látigo sonorense” Ramón Munguía.

De los cuatro, tanto Ernesto como César están en el salón de la fama, y con todo lo que hizo Pablo debe estar ya desde hace muchísimo tiempo, pero las votaciones en las últimas ediciones siguen sin favorecerle.

Fue un equipo que pudo hacer época en la Liga Mexicana de no ser por el movimiento anabista de 1980, donde los propios Ángeles dominaban a placer la temporada, cuando estalló la huelga.

Más tarde en la Liga Nacional ese mismo equipo logró el bicampeonato en las dos primeras campañas del nuevo circuito -81 y 82-, venciendo primero a Durango en patio ajeno, y después a los Tuzos de Zacatecas.

Es cierto que son dos ligas diferentes, pero ahí queda para los anales de la historia ese gran equipo, en los tiempos donde el talento mexicano era único y el beisbol, sin la mercadotecnia de ahora, vivía una de sus épocas románticas y brillantes con la afición.

Fue tal su calidad, que los se quedaron para continuar en la Liga Mexicana, se fueron a Campeche y allí terminaron como monarcas en 1983.

Como recuerdo en la final de 1981 en Durango, al final del festejo, apedrearon el autobús de los Ángeles y los jugadores tuvieron que cubrirse donde pudieron para evitar ser golpeados.

Desafortunadamente lo que sucedió en Veracruz en abril de 1980, que fue el detonante para el movimiento, también se había extendido a la Liga Nacional.

Así, era la pasión por el beisbol en esos tiempos.

Y qué decir de los Ángeles Negros. Fueron dos años con ese nombre de guerra, y tan sólo en el primero terminaron quemando la liga con una ofensiva de miedo y un pitcheo que tampoco se quedaba atrás donde los hermanos Orozco -Jaime y Octavio- y los hermanos Jiménez -Germán e Isaac-, apuntalados por Juan Rincón que ganó el juego decisivo de la coronación en ese 1986, eran los amos y señores de la lomita.

Lo mejor de ese equipo era su poderosa ofensiva que ponía a temblar a todos los rivales: Stockstill, Aikens, Orlando y el “Tiburón”, conformando un cuarteto de miedo.

Lástima que la ilusión duró sólo tres temporadas y un equipo que también pudo marcar época en Puebla, dejó la plaza rápidamente para convertirse en Charros de Jalisco, donde hubo problemas, y después vino la desintegración de equipo, sorteando a todos los jugadores, que para bien de la liga fueron a dar a diferentes franquicias como refuerzos de súper lujo.

Pero hoy en Puebla, muchos años después, ya con el movimiento anabista en el ayer, y con el recuerdo presente de aquellos grandes caballos que siguen sin olvidar a la gran afición de Puebla, como sonorense Fernando López, que tiene a tres hijas poblanas, y quien, desde el estado de Texas, donde radica en la actualidad mandó saludos a toda la fanaticada, todo el estado vive una “Pericomanía” única.

Y como no, si estos Pericos con sus cinco finales en las últimas 13 campañas se han ganado a pulso el cariño, respeto y admiración de su afición poblana y de muchos rincones del país.

Es verdad que en el estadio a muchos le molesta el ruido, la música, pero el ambiente que se vive, con las nuevas generaciones disfrutando episodio tras episodio y jugadas tras jugada, es único, y es precisamente lo que han logrado con su entrega, estos Pericos de Puebla.

Ahora se las verán contra Algodoneros de Unión Laguna, en una serie inédita, entre dos franquicias históricas, que han dado siempre grandeza a la Liga Mexicana de Verano.

Y abren allá, porque aquella serie que ganó Laguna en Puebla por limpia en temporada regular, lo que al final terminó marcando la diferencia en el standing general, y por su mejor ubicación los campeones del Norte tendrán la localía.

Pero a los verdes es lo que menos importa, porque este año en las tres rondas de postemporada abruendo fuera de casa tienen marca de cinco triunfos y una derrota, lo que habla de que es un equipo que sabe ganar en el patio del contrario.

Quien lo dijera después de perder por limpia las tres primeras series de la temporada, lo que le costó la salida a Héctor Hurtado, que estos Pericos iban a volver por sus fueros y volar alto de la mano de Sergio Omar Gastélum.

Sí, porque en Veracruz ganaron los dos primeros; empataron 1-1 y liquidaron en su propio estadio a los Diablos, y a Yucatán le metieron los dos en Mérida, para rematarlos en el Hermanos Serdán.,

Y es precisamente el objetivo frente a Laguna, por lo menos traerse uno, para buscar dar el tiro de gracia en el Hermanos Serdán, donde la afición poblana no ve a uno de los suyos coronarse -fuera de los Tigres en 2005- desde 1979 cuando los Ángeles vencieron en siete juegos a los Indios de Ciudad Juárez.

De ahí en adelante Ángeles Negros se fueron a coronar a Monterrey en cinco juegos en 1986, y los Pericos a Tijuana en seis partidos en 2016.

Se aproxima una serie larga, y otros dos llenos a reventar en los juegos tres y cuatro en el Hermanos Serdán -y el quinto que creo sí habrá -, ya que aún cuando la gran final todavía ni comienza y los Pericos siguen todavía en Puebla a punto de emprender el vuelo a Laguna, el boletaje por arte de magia ya se encuentra agotado, en manos de quién sabe quién, lo que ha provocado las quejas de cientos de aficionados que se quedaron con las manos vacías.

Es así como se vive la gran pasión con sus Pericos, que, sin duda, hoy tienen a la ciudad y a su estado, prácticamente rendida a sus pies.

Sólo falta el último golpe, para rematar esa obra que lleva ya, muchos meses tejiéndose.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *