EN LA ESQUINA DE LOS SUSTOS…

Alguna vez, ex directivos como Cuauhtémoc “Chito” Rodríguez y el mismo Pepe Máiz, a quien por cierto me encontré en diciembre pasado en el lobby del Ceasers Palace en Las Vegas, Nevada, levantaron una y otra vez la voz sobre las contrataciones descontroladas de los peloteros de doble nacionalidad para la Liga Mexicana de Beisbol de Verano, medida que estaba cerrando fuentes de trabajo para todos los jugadores nacidos en el país.

Los equipos se ampararon en la constitución que así lo permite. Todo jugador con raíces aztecas, vengan por donde vengan, tienen derecho a solicitar la ciudadanía mexicana y actuar como jugador nativo en el circuito de verano.

Apoyándose en la constitución muchos equipos se dieron el lujo de encontrar peloteros con tal estatus hasta debajo de las piedras y hacerlos jugar como nacionales. Incluso, jugadores de los que nadie se imaginaba que por sus venas corría la sangre azteca.

Hay que reconocer el trabajo de investigación de los gerentes y directores deportivos que descubrieron a todos esos jóvenes nacidos en Estados Unidos, que descendían ya sea de padres, abuelos o tatarabuelos mexicanos.

Muchos aprovecharon la oportunidad para llenar sus equipos con jugadores que gozaban de dicho privilegio, lo que terminó cerrando de golpe la puerta en la cara a jóvenes nacidos en nuestro país, que tenían las cualidades para comenzar su camino como profesionales, pero al no estar listos, los fueron haciendo a un lado y olvidándose de ellos.

Entre tanto, directivos de antaño, viejos lobo de mar, seguían levantando la voz y pidiendo a la liga hacer cambios en el reglamento y fijar un límite de jugadores de doble nacionalidad por equipo y respetar un determinado número de lugares dentro del roster para los nativos.

El tiempo pasaba y nadie hacía nada. Todo seguía igual.

Pero tenía que aparecer una falla que permitiría a la liga tomar cartas en el asunto.

Alguno tenía que caer en el error y así fue.

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Cuando un reportaje de la revista Proceso escrito por la extraordinaria periodista Beatriz Pereyra destapó la cloaca, la liga tuvo que reaccionar, tomar cartas en el asunto y encontrar una solución.

Ese reportaje desnudó la “triquichuela” de muchos equipos que descaradamente encontraron que descendientes de peloteros cubanos habían nacido en municipios como Concordia, Sinaloa, y terminaban registrándolos como mexicanos.

Y no fue uno, sino que una gran cantidad de casos, que desnudaron la manera tan descarada que se burlaron y se rieron del circuito y todos sus dirigentes.

Fue desde ese momento cuando los directivos pusieron a funcionar sus neuronas, para encontrar una solución salomónica que no terminara afectando a los naturalizados, a quienes la constitución los respaldaba y no había razón para violar sus derechos.

Así, en lugar de refuerzos importados surgió la idea de llamarlos “No nacidos en México”, para que a partir de 2024 en ese ramo ingresarán también los peloteros de ascendencia mexicana, como sucede en la pelota invernal mexicana, donde todo jugador nacido fuera del país es registrado como refuerzo foráneo.

Se decidió respetar el estatus de aquellos que hasta 2023 jugaron bajo esa regla, pero para este 2024 se acordó como límite “20 no nacidos en México, por equipo”.

Un número que a simple vista se ve exagerado, pero era la única manera de cortar de tajo un problema que se fue saliendo de las manos a todos los directivos del beisbol mexicanos, provocando, como en las corridas de toros, división de opiniones.

Dentro de la reforma aprobada en septiembre de 2023 “por el bien del beisbol mexicano”, se decidió que cada equipo debería proteger en su roster final a 38 peloteros en total, donde de manera obligatoria 18 de ellos tienen que ser mexicanos.

Esa regla se mantendrá durante dos campañas consecutivas; después los dos siguientes aumentará a 20 mexicanos y en 2028 y 2029 crecerá a 22 aztecas dentro del roster final de 38 jugadores.

Lógicamente -aunque no se especifica dentro de la reforma-, el número de refuerzos no nacidos en México con el aumento de peloteros mexicanos, irá disminuyendo hasta quedar en 16 elementos en esas dos últimas campañas.

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“Esa medida de nuevo llevará ventaja para los más poderosos, que abrirán su chequera para traer a los mejores”, opina Ronnie Camacho desde Hermosillo, Sonora, donde radica actualmente.

En tiempos de Ronnie, cuando el campeonato de los Pericos en 1963, la novena poblana llegó a contar hasta con 12 extranjeros que eran los permitidos en ese tiempo.

“Nosotros teníamos un cuadro con puros mexicanos: Rudy Sandoval, cátcher; yo (Ronnie Camacho, primera), Moi Camacho (segunda), “Zacatillo” Guerrero (tercera) y Jorge Fitch (short stop), pero en los jardines andaban Óscar Rodríguez, Pedro Cardenal, “Cuco” Toledo y Ultus Álvarez, que eran importados de mucha calidad”, recuerda Ronnie, campeón jonronero en ese año con sus 39 estacazos que fueron marca del circuito en ese momento.

Ahora, hay que ser realistas, con el nuevo reglamento de no nacidos en México, los equipos, en lugar de salir a cazar estadunidenses de origen mexicano, en su mayoría se fueron por peloteros caribeños y otros tantos americanos, buscando armar trabucos para pelear el campeonato.

En el caso de Puebla, el campeón Pericos buscó pitcheo y bateo, con 22 elementos buscando los 20 lugares de no nacidos en México a los que se tiene derecho.

Y para nada se puede decir que están violando el reglamento, sino que están dentro de él, como sucedió en el tiempo de los peloteros de doble nacionalidad donde, por cierto hay que decirlo, Pericos fue de los pocos que no recurrió a las argucias de inventar o buscar parentescos nacionales.

Por ejemplo, a Luis Medina, nacido en La Habana, lo naturalizó porque llegó desde muy joven, tenía más de cinco años viviendo en México, y la legislación le permitió solicitar la residencia mexicana.

Y tomando en cuenta que, lo que más necesitaba Pericos es pitcheo, se fueron de frente trayendo a gente como Antonio Santos, Héctor Rodríguez, Cristopher Molina, José Fernández, Alfred Gutiérrez, Freylín García, Felipe Tejada, Sean Rackoski, Édgar Santana, Fernery Ozuna, Jackson Rose y Ángel Sánchez, que se unieron a Gabriel Ynoa, Luis Santos y Elkin Alcalá.

De ese grupo tendrán que salir al menos otros cuatro inicialistas para conformar el staff de abridores de los campeones.

En el aspecto ofensivo para acompañar a Danny Ortiz, Peter O’Brien y Cristhian Adames, buscando cubrir el enorme hueco que dejó el “Rheno” Chris Carter, Retorno del Año de la temporada 2023 y Jugador Más Valioso de la serie final quien regresó a Monclova, trajeron al boricua Nellie Rodríguez, a los dominicanos Narciso Crook, Carlos Peguero y Raudy Read, al colombiano Carlos Martínez y al estadunidense Darnell Sweeney.

Sí, hay que ser realistas, son muchos, pero eso permitirá a todos los equipos, incluyendo a los de nuevo ingreso como Querétaro, Chihuahua, y ahora los “Calientes” de Durango, armarse mucho mejor para que la competencia sea más pareja, y el espectáculo esté garantizado.

Hay que reconocer también que, el que tenga más fuerza en su chequera se armará mucho mejor y tendrá mayores posibilidades de pelear por el título.

Ahora sí que, depende de traer “no nacidos en México” de calidad, y no unos cuantos del montón buscando evitar engordar su nómina.

Al final, aquellos que levantaron la voz denunciando el exceso de peloteros de doble nacionalidad, tuvieron toda la razón, y la liga los escuchó hasta encontrar una solución.

Ahora el reto será para el pelotero mexicano, mismo que tendrá que trabajar horas extras para ser cada día mejor y defender un sitio dentro del roster de cualquiera de los 20 equipos que integran la Liga Mexicana de Verano.

En fin, habrá exceso de refuerzos, pero por lo menos, ni uno más seguirá burlándose y pisoteando el beisbol mexicano inventando parentescos y recurriendo a tantas falsedades.