Un hueso duro de roer

Si existe un equipo complicado para vencer en postemporada -y temporada regular- ese es el de los Diablos Rojos del México.

No por nada es el máximo ganador de gallardetes en la historia de la Liga Mexicana, y uno de los grandes protagonistas del circuito en sus más de 95 años de existencia.

Por eso hay que resaltar lo que están haciendo los Pericos de Puebla en esta ronda de semifinales de la zona Sur.

Es cierto que la diosa fortuna y el beisbol le han dado a los verdes, principalmente en el tercer juego de la serie, cuando aquella jugada en la octava entrada donde Roberto Ramos no pudo quedarse con el tiro de Gamboa, lo que provocó la reacción de los Pericos y la hecatombe para los Diablos.

Acciones así, en ocasiones terminan por marcar la historia de una batalla.

Me recordó a lo que sucedió en el primer juego de la final de 2014 en el parque Hermanos Serdán entre los mismos Diablos y Pericos.

Los verdes tenían en un “tris” a los Escarlatas, a punto de liquidarlos para ponerse arriba en la serie, cuando vino aquella desafortunada rola por la intermedia que fildeó Ángel Berroa moviéndose hacia su izquierda.

El dominicano tiró en movimiento, pero la bola le quedó corta al primer base, el novato Julio Pérez, que había entrado a cubrir la inicial, y fue imposible quedarse con el lanzamiento.

Esa jugada desafortunada jugada en la octava entrada -si mal no recuerdo- terminó alargando la vida de los Diablos, que no desaprovecharon la oferta para reaccionar y viniendo de atrás terminando por sacarle el juego a los Pericos.

Después de esa jugada nada fue igual. Y esos Pericos, que tenían todos los argumentos para pelear por el título codo a codo con los Escarlatas terminaron desinflándose, y desaparecieron de la final, para que los Diablos se coronaran en cuatro juegos.

Ahora esa acción de Ramos, y el espíritu indomable de los Pericos, que han tenido los arrestos suficientes para venir de atrás, puede marcar la historia de esta semifinal.

Y no sólo eso, muchos criticamos en ocasiones el trabajo de oficina, pero esta vez la dirección deportiva ha hecho hasta lo imposible por armar un equipo completo, con pitcheo, relevo y sobre todo una buena banca.

Es cierto en el pitcheo quisiéramos tener unos dos caballos más, como aquellos de los tiempos de gloria. Un Ernesto Escárrega, un Pablo Gutiérrez Delfín, un César Díaz, un Fernando López, un Jaime Orozco, un Germán Jiménez, o más atrás todavía, un Miguel Sotelo, pero personajes de esa estirpe en estos tiempos es como encontrar una aguja en un pajar.

Además, el Güero” Gastélum ha movido a su gente. Recurriendo a los emergentes, tanto bateadores como corredores, y al final le rindió resultados, porque el héroe de la película en los triunfos dos y tres en el Hermanos Serdán salió de la banca. Sí, Leo Germán primero decidió con el doblete en la décima y después con su cuadrangular en la novena.

A diferencia de Víctor Bojórquez, que en ese juego tres sacrificó a su cerrador que terminó sin gas ya en la décima entrada, y cuando lo necesitó para rescatar el cuarto juego ya no lo tenía disponible.

En el quinto juego era de esperarse. La afición deseosa de festejar, hizo un llenazo histórico en el Serdán. Hasta los Bleachers estaban repletos, así como sucedió en el quinto juego de la final del 2016, pero al igual que sucedió en ese año, no llegó ese ansiado cuarto triunfo, y los Diablos ganaron de manera dramática para mantenerse con vida en la serie.

Ahora los Pericos deberán ir por la gloria en el sexto juego, el sábado a las 14.00 horas, en el Harp Helú, con la misión de acabar con la malaria, y sacudirse el dominio Escarlata.

Salvo en 1986 cuando los Ángeles definieron en seis partidos en el Hermanos Serdán, los Pericos jamás han podido ganarle un sexto juego a los Diablos.

Ni en el pasado ni en el presente.

Algunas veces porque se quedaron en esas instancias, o simplemente porque no llegaron.

En el 2003 cuando avanzaron por primera vez a los playoffs en esta nueva era, fue cuando más cerca se quedaron.

Llegaron igual con ventaja de 3-2 al Foro Sol, pero los Diablos emparejaron los cartones en aquel sexto juego cuando el batazo polémico de Chuy Arredondo, que tomó Daniel Fernández lanzándose de cabeza, y que de acuerdo a muchas escenas parecía haber pegado primero en el tapete verde antes de entrar al guante del veracruzano.

Para la mayoría la bola picó, pero ni para Daniel ni para el ampáyer de segunda Carlos Valenzuela, quien decretó la jugada fue así.

Esa jugada obligó al séptimo juego, y allí los Diablos impusieron su ley.

Es la única vez que una batalla se ha ido hasta el séptimo encuentro, lo que buscarán forzar los Escarlatas nuevamente en este 2023.

La ventaja de los Pericos es que llegan con la ventaja, recargados de ánimos, apoyados por una gran afición, Pericos de sepa y de corazón, y con Gabriel Ynoa, una de sus mejores cartas en el centro del diamante.

Pero también será fundamental que su ofensiva despierta, se vuelva activar y tanto Chris Carter como Peter O´Brien logren enderezar el rumbo y volver a convertirse en los hombres clutch en el orden al bate poblano.

La misión, decíamos, era difícil, pero no imposible, y hoy más que nunca, los Pericos están a punto de tumbar al gigante de la Liga Mexicana.

Y sí así sucede, que se agarren los Leones, porque este equipo irá con todo, decido a vengar la afrenta de la campaña anterior.

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