Zapata y Calita salen a hombros en el cierre de la feria de Huamantla 

José Alberto Ortega tomó la alternativa 

Por Luis Miguel Martínez/Fotos Ángel Sainos

Huamantla, Tlax. Una fecha que venía en picada se rescató. La empresa Feria Toro que encabeza el C.P. José Luis Alatorre no podría cerrar de mejor manera un serial donde las tres corridas tuvieron primero estupendas entradas y segundo buenos dividendos artísticos y triunfos que dejan a la afición con deseos de regresar a la plaza La Taurina. Por cierto, con mejoras en los baños, áreas de bar, pantallas y pintura. La corrida de la huamantlada del pasado sábado logró casi el lleno en medio de un gran ambiente. Se lidiaron toros de la casa ganadera guanajuatense de Marrón muy armónicos de hechuras, muy serio el sexto y que en términos generales salvo el cuarto que fue el complicado se prestaron para que los toreros se expresaran.

EL ZAPATA, DOS OREJAS

El Matador tlaxalteca Uriel Moreno El Zapata sigue siendo una garantía para las ferias donde es anunciado. Su capacidad lidiadora, facultades, pero ahora con la voz que brinda la experiencia dejan en claro que hay un torero que por donde pisa hay una huella imborrable. Tuvo dos toros de distinto comportamiento. Su primero con nobleza, manejable, con un buen lado derecho y al que le cortó una oreja porque tardó en caer, a pesar de que le sonaron un aviso. Y su segundo fue un toro que desarrolló genio, que tiraba derrotes, complicado y a ese también le tumbó otra oreja con enorme mérito. Fiel a su costumbre y facultades, los banderilleó haciendo gala de variedad y dio sendas vueltas al ruedo tras el segundo tercio.

CALITA, DOS OREJAS

Con una voz propia que habla de su madurez, de lo que va bebiendo en este andar por los ruedos del mundo, Calita regaló una primera faena para degustar. Fiel a los principios del toreo con clase, aprovechó la nobleza de su primer toro que duró muy poco. Por lo que el matador tuvo que pegarse un arrimón de aquellos, exponiendo los muslos a milímetros de los pitones y robando muletazos a base de capacidad, valor, técnica y oficio. Espadazo tendencioso para facturar dos orejas. Con su segundo, el Matador Ernesto Javier estuvo nuevamente en gran nivel, ante un toro desclasado, con la mirada siempre a los tendidos, sin transmisión. Todo quedó en el esfuerzo y la voluntad del torero. En este todo quedó en salida al tercio.

JOSÉ ALBERTO ORTEGA

Con José Alberto es la tercera generación de matadores de la dinastía Ortega. Una familia de enorme cariño y tradición en el ambiente taurino. José Alberto, hijo del matador Alberto Ortega, tomó el doctorado con el toro Pulquero No. 86 con 486 kgs. Brindó a sus padres y estuvo francamente bien con este ejemplar, con mente clara, deseos de agradar, corriendo la mano con mucho sabor principalmente por el lado diestro. Con este toro escuchó una fuerte ovación. Su segundo era un tío, cárdeno claro, con presencia, serio de pitones y de cara, largo. No permitía errores. Con este toro José Alberto mostró que quiere caminar en esta profesión, con muleta muy puesta y cruzándose mucho entre cada muletazo hilvanó cada tanda hasta conseguir la faena. Brindó al joven empresario y familiar Othón Ortega. Pinchazo y estocada para escuchar palmas por su actuación. Aunque seguramente sabrá que fue una buena prueba este cárdeno de Marrón.

Al final del festejo los matadores Zapata y Calita fueron izados en hombros por la afición en el cierre del evento.

Incidencias:

Previo al paseíllo una comitiva de aficionados de Xico, Veracruz recreó «El Torito de fuego» una bonita tradición taurina de aquel lugar.

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