Un conjunto limitado, formado por familiares con tres refuerzos venezolanos, y donde sus jugadores se dedican al campo bajó de su pedestal al poderoso Industriales Dolores Hidalgo y consagró campeón
J.L. HERMIDA USCANGA
En apenas su segunda temporada en la liga de beisbol Independiente Volkswagen, los Pericos Santa Cruz dieron el campanazo en el actual certamen al coronarse monarcas del grupo Especial venciendo nada más y nada menos que al poderoso Industriales Dolores Hidalgo, que tuvo que rendirse al talento de un grupo de jóvenes (todos familiares) productores de flores que con el apoyo de tres refuerzos venezolanos hicieron lo que parecía imposible.




“Sentimos bonito, aun en el festejo nos preguntamos: ¿estamos soñando o es real?, porque al fin se nos hizo ganarle al súper Industriales, que siempre que nos enfrentábamos nos daba unas buenas palizas”, dice con orgullo Juanito Vázquez, el mayor de los siete jugadores originarios de Santa Cruz Hidalgo, la casa del nuevo campeón de la liga más importante de la pelota poblana, y quien se desempeña como jardinero izquierdo y lanzador.
En Santa Cruz Hidalgo, una junta auxiliar perteneciente a Santa Clara Ocoyucan, pero que se localiza más cerca de Atlixco que la cabecera de su municipio -por la zona de Los Molinos-, la mayoría de sus habitantes se dedican al campo, a la producción de flores, que es el modus vivendi también de la familia Vázquez, que conforma la base del equipo y además lo patrocina.
El nombre de Pericos viene por el apodo que tenía su abuelito Pedro “Perico” Vázquez, quien inculcó la práctica del beisbol a toda la familia.
“Desde los papás que participaron en la Liga de Atlixco, crecimos con el beisbol. Lo traemos en la sangre”, agrega Juanito que a sus 23 años alcanzó a terminar el bachillerato, para después dedicarse a la producción de flores.
“Desde niños nos llevaron a jugar a la Liga de Atlixco, y ya de grandecitos seguimos igual. Después anduvimos en Matamoros en la Liga de Ayutla, hasta que hace dos torneos decidimos probar en la Volkswagen”, agrega Juanito que se desempeña como jardinero izquierdo y es utilizado como segundo en el orden al bate por el timonel veracruzano Domingo Blanco.
La base de los Pericos Santa Cruz la conforma la familia Vázquez. Siete integrantes que van desde los 16 a los 23 años, donde hay tres parejas de hermanos, y primos hermanos entre ellos.
El menor de todos es Daniel, lanzador que a sus 16 años apenas se abre camino. Él jugó poco “porque es muy bolero y se pone nervioso”, dice su hermano Juan.
Normal en un joven que apenas se abre camino.
La base además de Juan la conforman otras dos parejas de hermanos: Emmanuel (18) y Osvaldo (20) que conforman la espina dorsal en el campo como segunda y campo corto; Óscar (19) y Adrián (18), tercera base y jardinero derecho; y Uriel, el único que no presume de hermano en el equipo, que se desempeña como jardinero central.
Junto a Juan, los seis fueron inamovibles en el line up del equipo, complementados por tres refuerzos de lujo: los venezolanos Steven Fuentes, Dennys Campos, ambos lanzadores y jugadores de cuadro y el experimentado receptor Andrés Sotillo, los tres exprospectos de liga grande que jugaron en Ligas Menores con Toronto, Colorado y Detroit.
ENTRENAR Y TRABAJAR
Pero, el éxito de Pericos Santa Cruz no llegó de la noche a la mañana. Fue un proyecto que nació ya hace unos años contratando instructores que fueran a entrenarlos a su pueblo. Iniciaron con Beto Castillo, coach de los Pericos de Puebla, pero quien acabó de afinarlos fue Domingo Blanco, exreceptor veracruzano que jugó en ligas semiprofesionales, y quien además es su actual timonel; y el venezolano Alberto Querales quien se unió para entrenarlos -solamente- dos veces a la semana.
“Domingo siempre nos motivó de qué podíamos hacerlo y lo logramos”, rememora Juanito.
El camino no fue fácil, porque después del entrenamiento de tres horas diarias -de lunes a viernes-, ya sea por la mañana o por la tarde, después venía el trabajo en el campo, dependiendo la tarea que le asignaban sus padres Eduardo, Idelfonso y Nicolás, todos de apellidos Vázquez, los puntales en la producción del campo y patrocinadores principales del equipo.
“Por la mañana las jornadas son de 7 a 14 horas, y por la tarde de 14 horas hasta que se meta al sol, dependiendo a la hora que entrenemos. Algunos plantan, otros cortan, desenyerban o abonan. Pero todos tenemos una tarea”, agrega Juan.
“Al equipo lo mantienen nuestros papás, con el apoyo del tío Cristóbal Vázquez, amigos y compadres que también ponen su granito de arena”, destaca.
De los siete solo Juan tiene bachillerato y Emmanuel está a punto de terminarlo. De ahí en adelante, los demás se dedican al campo y juegan beisbol con apenas la secundaria termisnada.
EL CAMINO AL TÍTULO
Durante la campaña regular del grupo Principal de Volkswagen, los Pericos terminaron en la segunda posición y le tocó enfrentar en el primer playoff al campeón Acereros de Dolores Hidalgo, que dirige precisamente Alberto Querales.
Pericos fue a Dolores Hidalgo y dio el primer campanazo, pero después Acereros se desquitó en el campo de San Juan Portezuelo, el pueblo vecino que se ubica a 5 kilómetros de Santa Cruz y donde tomaron como sede del equipo por las mejores condiciones del terreno.
“Cuando los liquidamos en el juego decisivo, y pasamos a la final nos dijimos, ya eliminamos al campeón, y ahora vamos con el súper poderoso Industriales -que dejó fuera a Yankees Chipilo-, y claro que se puede, sólo tenemos que jugar con mucha inteligencia con entrega para lograr ese soñado título”, rememora.
Industriales, a pesar de ser el primer lugar, escogió jugar fuera de casa, porque quería preparar su fiesta para coronarse en su propio estadio.
“Pero se llevó un chasco, porque de verdad estos chavos juegan con el corazón y son dignos de admiración porque quedó demostrado que cuando hay talento hasta las grandes estrellas se rinden”, relata José Luis Díaz, quien se encarga de narrar los juegos de los Pericos como local.
Los planes de Alfredo Luna, patrocinador de Industriales, se vinieron abajo cuando Pericos dio el primer golpe al ganar 8-4 y tomar la ventaja en la final.
Industriales tuvo entonces que sacar la casta y en la vuelta en su hermoso estadio emparejó la serie con una blanqueada de 8-0, demostrando su poder ofensivo y su pitcheo.
EL GRAN DUELO FINAL
El escenario quedó listo para la gran final. Esta vez no fue en el Serdán, porque la liga impuso el campo de siempre, el siete de Volkswagen, donde se han escrito grandes historias a lo largo de los años del circuito.
El poderoso Industriales montó todo un show y llevó todo un espectáculo con grupo de animación femenil, la mascota del equipo representada por Toño Coca, quien personificaba a Pancho Perico, y hasta al cronista oficial verde, Miguel Ángel Byrd, para buscar una corona más ese inolvidable domingo 18 de diciembre.
Pero el destino preparaba otro espectáculo, el que ofreció en la lomita el lanzador venezolano Steven Fuentes que con una embrujada serpentina de cinco imparables sometió a la ofensiva de Industriales para conseguir una sensacional victoria de 5-1 para que Pericos Santa Cruz con su roster limitado con solo el chamaco Daniel Vázquez en la banca, pero con nueve verdaderos guerreros en el campo se consagraron monarcas del beisbol poblano.
Allí en el mismo lugar donde tres semanas antes acabaron con el reinado con Acereros, esta vez pisotearon el orgullo de los Industriales.
Una carrera en el primer episodio cuando aprovecharon el descontrol del también venezolano Ronald Brizuela para que Andrés Sotillo entrara caminando tras boleto con casa llena a Óscar Vázquez; más otro par en la segunda donde el octavo en el orden Osvaldo Vázquez abrió la tanda con cuadrangular fueron suficientes para respaldar la serpentina de Fuentes.
Dolores Hidalgo se acercó con una en la cuarta, pero Fuentes apretó el brazo y tras escapar de una casa llena en la quinta ponchando a Erik Brayan, y a partir de ahí, a pesar de permitir dos imparables, retiró en orden a los últimos 13 rivales que enfrentó, gracias al potente brazo de Juan Vázquez que enfrió en la intermedia a Erik Jesús quien intentó alargar su batazo a doble comenzando la tanda de la séptima, y en la octava Rosillo liquidó a Erwin Zárate en intento de robo tras comenzar también el episodio con su segundo incogible del juego.
¿Pero cómo pudo un equipo limitado en jugadores ganarle al poderoso?
Para Juanito la clave fue el bateo oportuno y que jamás se sintieron inferiores. “Era nuestro momento y el pitcheo se portó a la altura. Fuentes hizo un gran trabajo, y sino era él, estaba Denis Reyes, nuestro cuarto bate y primera base, que cumplía las dos funciones.
“Además, aunque somos pocos, Domingo nos enseñó a jugar todas las posiciones. Y en el grupo al menos cuatro más nos trepamos a la lomita”, dice Juan que encabeza al grupo que también puede subir a lanzar al igual que Uriel, Adrián y Óscar, al que califica como el que tiene el poder con la majagua entre la familia.
“Nuestra base en la loma eran los refuerzos, y cuando ya nos iban apaleando entraban los demás, como sucedió en el segundo juego contra Acereros”, recuerda.
Además, Domingo Blanco se tuvo que fajar solo dirigiendo y como coach principal durante todo el torneo. “En la campaña alguno de nosotros lo apoyábamos en primera, pero ya en la final llegó Juan Colmenares, también venezolano, que fue un gran apoyo para él.
“Se siente bonito”, asienta Juanito Vázquez. “Ganarle a un equipo así, y que al final sus jugadores y el mismo dueño, te feliciten. Créeme que aún no despertamos del sueño”, reconoce mientras termina su entrenamiento y se dirige al campo para seguir en sus labores cotidianas.
