J.L. HERMIDA USCANGA
EL GRAN LUPE PÉREZ



Guadalupe Pérez Montero lanzó 12 temporadas en la Liga Mexicana de Beisbol, de las cuales más de dos terceras partes las pasó jugando para los Pericos de Puebla, a los que llegó sobre el final de campaña del 2006 y se mantuvo con ellos hasta 2014 cuando vivió su última campaña como beisbolista profesional.
Nacido en Soledad de Doblado, Veracruz, un 12 de diciembre de 1978, el serpentinero derecho dejó la pelota profesional muy joven, a los 35 años, sobre el final de la campaña de 2014, después que los Pericos cambiaron de dueños tras perder aquella final del 2014 con los Diablos Rojos del México.
Lupe Pérez formó par de aquel grupo de jugadores que heredó el grupo encabezado por el contador Rafael Moreno Valle, que evitó la partida de la franquicia hacia Nuevo Laredo sobre el final de 2006, cuando Puebla, después de contar con dos equipos entre 2002 y 2006 estuvo a punto de quedarse sin beisbol profesional.
En ese 2006 terminó la estadía de los Tigres en territorio poblano y emprendieron su viaje hacia Quintana Roo, donde permanecen hasta nuestros días, y como Carlos Peralta, dueño de las dos franquicias ya no quería invertir más en el beisbol, tenía también el firme propósito de deshacerse de los verdes.
Fue allí cuando entró al quite el contador Rafael Moreno Valle (QEPD), quien solicitó el apoyo del gobierno y apoyado por un grupo de empresarios poblanos se reunió Carlos Peralta y disparó directo la pregunta… “¿como que nos vas a dejar sin beisbol?, no puedes llevarte a nuestros Pericos”.
Los dos empresarios negociaron y acordaron la continuidad de Pericos en Puebla, para que, a finales de 2006, el contador que ya había sido socio de don William Budib y Emilio Tame a mediados de los 70, y que encabezó el grupo que trajo el beisbol entre 1993 y 1995, estaba de regreso en la pelota profesional.
Encontró una franquicia protagonista, de playoffs, que había estado en la final del Norte en el 2004, y que en 2006 se había metido otra vez a la postemporada.
Entonces había que seguir por el mismo camino.
Y dentro de ese grupo que encontró estaba nada más y nada menos que Lupe Pérez, un pitcher derecho veracruzano, callado, profesional, que ni se rajaba ante nada.
A Moreno Valle siempre le encantó Lupe Pérez. Fue uno de sus lanzadores preferidos, precisamente porque siempre estaba dispuesto a treparse a la loma, ya sea como abridor o como relevista.
La estancia de Lupe Pérez fue a la par de la permanencia del contador al frente de la organización. Lupe llegó al equipo un 5 de julio de 2006, procedente de los Cafeteros de Córdoba, y compartió con Moreno Valle las ocho campañas siguientes – entre 2007 y 2014- hasta que el equipo pasó a manos de grupo Gimsa.
Lupe comenzó su carrera en 2003, a los 24 años, con el Águila de Veracruz, con quienes tuvo dos campañas completas y parte de 2005 cuando fue enviado a Cancún y terminó con Aguascalientes.
En 2006 comenzó la campaña con los Cafeteros de Córdoba, que ya sobre el final de la temporada lo enviaron a los Pericos de Puebla, cuando el conjunto veracruzano se había mudado a Poza Rica para jugar el resto de ese año.
Desde entonces comenzó su andar con los verdes a quienes ayudó a entrar a la postemporada del 2008, a la final del Sur del 2009, y después avanzar en 2010 a su primera final de Liga Mexicana frente a Saltillo.
En ese 2010 firmó una campaña de 21 salidas, 19 de ellas como abridor, trabajó 96 entradas y terminó con marca positiva de siete triunfos y seis derrotas.
A Lupe se le recuerda en aquel quinto juego de la final en el Francisco I. Madero de Saltillo frente a los Saraperos, cuando el “Houston” Jiménez le dio la bola al lanzador veracruzano, quien era la última esperanza para dar vida a los Pericos y obligar a que la serie regresara a Puebla.
Esa noche, a Lupe lo superó la enorme responsabilidad. Se mostró nervioso en el cerrito y los Saraperos le endilgaron a los Pericos una de las peores palizas en una final -21 a 2- para conquistar el bicampeonato.
Es verdad que Lupe falló, pero el bullpen tampoco fue capaz de detener a los Saraperos.
Se mantuvo con los Pericos cuatro campañas más, jugando las postemporadas de 2011, 2013 y llegando de nueva cuenta a la gran final en 2014.
En esa campaña sólo tuvo 14 salidas, siete como abridor y siete como relevista; sólo trabajó 35 entradas y terminó con tres ganados y tres perdidos, ya que a media temporada sufrió una parálisis facial que lo mantuvo un buen tiempo fuera de circulación.
A pesar de no estar del todo recuperado de la parálisis adelantó su regreso, como el guerrero que era.
Recuerdo que más de una vez le aconsejé que tomara su tiempo, hiciera sus terapias para que se recuperara completamente, pero siempre me respondía de veracruzano a veracruzano “…. no tengo nada, ya estoy listo para lanzar”.
Su última salida con el uniforme verde y en Liga Mexicana fue aquel 12 de agosto de 2014 frente a los Guerreros de Oaxaca, trabajando apenas una entrada con dos tercios y cargando con la derrota.
En total en sus ocho años y días con los Pericos, vio acción en 176 partidos, 112 de ellos como abridor para dejar sus registros con la franela verde de 40 triunfos y 45 descalabros. En total en sus 12 campañas en Liga Mexicana tuvo marca de 49-56.
Para mi gusto, después de la campaña del 2014, Lupe tenía la fortaleza en el brazo para seguir lanzando en la pelota profesional, pero ya nadie lo llamó o de plano no pudo hacer el equipo con otra organización.
Se decía que su principal defecto era el gusto por la bebida, lo que jamás pude comprobar, pero era la versión que circulaba entre los compañeros: por eso su sobrenombre de “Chupe” Pérez, que asemejaba un juego de palabras con su nombre.
No me causó extrañeza el anuncio de su homenaje que se le hará este viernes 5 de enero a las 13.00 horas en el campo de su natal Soledad de Doblado, porque como homenaje a un orgullo del lugar, se lo merece.
Lo que si me preocupó es que el partido homenaje al que se darán cita infinidad de peloteros que fueron sus compañeros con Pericos y amigos en Liga Mexicana y en el beisbol, en su mayoría de origen veracruzano, es que, dentro de la publicidad se maneja será un partido para recaudar fondos para ayudar al exlanzador de los Pericos, que atraviesa por una situación complicada.
Desconozco en realidad si en Lupe, que acaba de cumplir el 12 de diciembre 45 años, se haya acrecentado ese problema que le valió su apodo, o es una situación diferente.
Si es así, entonces se necesita más que un homenaje para recaudar fondos; lo más indicado sería ponerlo en manos profesionales para atender el problema que está viviendo, y supere esa situación.
Es joven y con fuerza de voluntad se pueden vencer todas las adversidades.
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Ver a jugadores profesionales que dieron todo en el campo en situaciones así nos lleva a una pregunta: ¿Hasta cuándo en el beisbol mexicano el pelotero ya retirado -fuera de Diablos y Oaxaca- tendrá esa pensión y servicios profesionales que los ayude a enfrentar el resto de sus días ya fuera de un uniforme de beisbolista de manera diferente?
Creo estamos en el tiempo perfecto para volver a pensar en un sindicato de beisbolistas, que vele por los intereses y el futuro de todos aquellos que han entregado su vida en el terreno de juego.
Cuando se fundó la Asociación Nacional de Beisbolistas (ANABE) esa era la idea, pero la apatía de los dirigentes de esos tiempos provocó una huelga de peloteros en 1980 que terminó destrozando a nuestro beisbol.
Se pudo hacer mucho para apoyar a la materia prima del beisbol, pero el hecho de verse como enemigos y no querer ceder terreno, provocó un verdadero caos.
Hoy estamos a tiempo de hacerlo. De que se pida el apoyo para crear un fondo solidario, que se vaya incrementando con la aportación del jugador en activo, para apoyar a aquellos que van abrazando el retiro, con prestaciones, como el derecho a la atención médica gratuita, y bases sólidas, como sucede en Estados Unidos.
Porque en realidad da tristeza enterarse de casos donde jugadores que dieron lustre a la Liga Metterminan en el completo abandono, y viviendo de las dádivas que les arriman, cuando hicieron lo suficiente para poder alcanzar una pensión digna después de cumplirse un tiempo determinado de su retiro.
Le pasó a René Chávez Uscanga, que terminó sus días en la penuria allá en “La Guada”, municipio de Alvarado, Veracruz y así se puede uno enterar de cientos y cientos de casos.
Es hora de que levanten la voz y convengan con los mismos dueños, aprovechando que en la actualidad a muchos de ellos los envuelve una gran calidad humana, para dar ese paso en pro de los exbeisbolistas, beisbolistas activos y las nuevas generaciones que vienen en camino.
De que se puede se puede, sólo es tiempo de que alguien tome la estafeta para hacer algo grande por el beisbol, donde dueños y jugadores se decidan a trabajar de la mano por una justa causa, y casos como el que vive Lupe Pérez sean atendidos con prontitud por especialistas en la materia para ayudarlo a salir adelante.
Es verdad, los amigos pueden aparecer, tenderte la mano y juntarte un dinero, pero… Y después de eso que!!!
