El nuevo timonel y la llegada de refuerzos como Chris Carter, Cristhian Adames, Samar Leyva y los ajustes en el pitcheo con Héctor Villalobos, Roel Ramírez y Elkin Alcalá le cambiaron la cara a los Pericos
Parte II
J.L. HERMIDA USCANGA
Aquella mañana del martes 9 de mayo, la directiva de los Pericos hizo oficial la llegada de Sergio Omar Gastélum como nuevo timonel en sustitución de Héctor Hurtado y al mismo tiempo se hacían cambios en el cuerpo técnico colocando a Héctor Estrada como coach de banca y anunciando también la llegada de Luis Mauricio Suárez, -dos expericos en etapas diferentes-, como coach de bateo.
A la par, por petición del nuevo dirigente dejarían el cuerpo técnico, Jorge Loredo, que apareció como coach de banca, y el coach de primera base, el venezolano Rusell Vázquez, quien semanas después fue reintegrado para convertirse en coach de tercera, ocupando el sitio de Gilberto Sotomayor, quien solicitó su baja de la organización.
Horas después, a eso del mediodía, Sergio Omar nos decía vía telefónica todavía desde Mexicali, donde radica, en su primera entrevista como manager verde, antes de salir a Puebla: “Es un gran reto y lo aceptó gustoso, porque si con un equipo se me puede hacer, por fin, ser campeón como manager es con estos Pericos. Creo que ya me toca y tenemos equipo para lograrlo. Vamos a trabajar en ello y hacer los ajustes necesarios para buscar lo que tanto anhela la directiva”.
“El Güero”, que había jugado en Puebla cinco temporadas, defendiendo la franela de los Tigres de la Angelópolis entre 2002 y 2006, a pesar de estar en la caseta de enfrente, sabía claramente lo que significaba el nombre de Pericos para la afición poblana.
Ese 9 de mayo en el primero de la serie contra el Águila de Veracruz el encargado de dirigir al equipo fue Héctor Estrada, y con una serpentina inspirada de Gabriel Ynoa le entregó buenas cuentas al nuevo mentor.
Gastélum dictó desde Mexicali el orden al bate, que repitió en el segundo de la serie, el miércoles 10 de mayo, la noche de su debut, con Yoimer Camacho en el cerrito.
Para esas alturas ya Pericos se había desprendido de Alejandro Mejía, el dominicano que tuvo un año fantástico en 202, pero que no había calibrado como se esperada, sustituyéndolo con su paisano, tercera base Kelvin Gutiérrez, que lamentablemente pasó de noche.
Gastélum encontró dentro de su base extranjera a seis de los siete que habían iniciado: Danny Ortiz, Peter O’Brien, los pitchers inicialistas Gabriel Ynoa y Yoimer Camacho, y en el bullpen el preparador Cristofer Ogando y el cerrador Rafael Dolis, ambos dominicanos. De todos, estos dos últimos no completarían el ciclo.
El debut de Gastélum fue soñado superando 10-7 al Águila con jonrón de Antonio Lamas, que estaba encendido con la majagua y quien ante la salida de Mejía fue colocado como cuarto en el orden al bate.
También contra el Águila llegó la primera derrota, y contra Diablos se terminó 1-1 con el último duelo empatado por culpa de la lluvia después de cinco entradas.
EL CAMBIO EN GIRA
En su primera gira, los triunfos que no llegaban con Hurtado, aparecieron con Gastélum al sacar un saldo de cuatro éxitos por dos descalabros, después de perder la serie 2-1 en Tabasco y barrer a los Rieleros en el “Romo” Chávez.
La nave verde ya a esas alturas jugaba pelota de .500 nuevamente (13-13), y de golpe y porrazo en una semana almacenaron sus primeros cuatro éxitos fuera de casa.
Tocaba volver al Serdán ante Durango, pero la contingencia por la constante actividad del volcán Popocatépetl, obligó a la postergación de la serie de tres juegos, de la cual se repuso sólo uno en la segunda visita de los Generales a Puebla y por lo mismo la serie contra Oaxaca cambió de sede y se trasladó a la Verde Antequera, donde los Pericos ligaron su segunda serie consecutiva en patio ajeno.
Un mes después de iniciada la temporada, los Pericos (15-14) volvían a jugar pelota por encima de .500, pero vino ese regreso al Serdán contra Rieleros que le pagó con la misma moneda y se cobró la afrenta devolviéndoles la barrida.
A la par de la afrenta ante Rieleros, se anunciaba la contratación del “Rhino” Chris Carter, que había sido colocado en asignación por los Acereros de Monclova, en una contratación que sería clave, porque además de todo llegaba como refuerzo de doble nacionalidad.
Carter sólo había conectado un jonrón, impulsado cinco carreras y registrada un OPS de .631 en solamente nueve juegos con los Acereros, y era una apuesta importante para los Pericos, que confiaban plenamente en su calidad como bateador y en su resurgimiento en la franquicia poblana.
Y así fue, porque Carter, colocado como quinto en el orden -detrás de Ortiz y O´Brien- dijo presente de inmediato el viernes 2 de junio en el primero de la serie contra Oaxaca en el Hermanos Serdán, al conectar par de dobletes e impulsar par de carreras en la paliza de 11-4 que los verdes propinaron a los Guerreros, anunciando claramente que podían tener fe en su madero.
Un día después, Yoimer Camacho se cubrió de gloria al lanzar sin hit ni carrera en juego acortado a seis entradas por la lluvia, pero Carter, aunque se fue en blanco, ya le daba mayor solidez a ese a orden al bate.
Ese movimiento provocó también la salida de Kelvin Gutiérrez y la llegada del torpedero dominicano Christian Adames, dejado en libertad por Yucatán, con quien fue campeón un año atrás, y que debutó precisamente un día después de Carter.
El orden al bate lucía mucho más sólido todavía, con la versatilidad del dominicano, quien de inmediato apareció en el campo corto donde Pericos parecían tener una grieta con los problemas de lesión de Jorge Flores, que llevaba varios días fuera de circulación.
Eso sí, Ciro Norzagaray, utilizado como utility cumplió cabalmente en el campo corto, lo mismo que cubriendo segunda y tercera, donde se había alternado tanto con Drew Stankiewicz como con Antonio Lamas.
Poco a poco se estaba consiguiendo lo que el manager deseaba. A la par que reforzaba su cuerpo técnico con la reintegración de Rusell Vázquez, a quien le dio la responsabilidad de dirigir los controles en la antesala, y desde sucursales, el “Güero” Gastélum trajo al poblano Beto Rojas para colocarlo como coach de primera base.
En la banca se apuntalaba aún más ese cuerpo técnico con Luis Borges, que había dirigido a Mariachis, y Cecilio Garibaldi, que se fue al bullpen para ayudar a Miguel Duarte y al jefe en funciones, Miguel Ángel “Peque” López.
Con esas adhesiones, los verdes poco a poco empezaron a escalar peldaños, y exactamente antes de la pausa del Juego de Estrellas ya estaban instalados en la tercera posición del Sur con marca de 23 triunfos y 21 derrotas.
Desde el arribo de Carter y Adames, los triunfos comenzaron a llegar con mayor continuidad, pero aún faltaba el soporte final tanto a la defensiva como a la ofensiva.
Fue el miércoles 21 de junio, dos días después de la reanudación de la campaña tras el clásico de media temporada en Villahermosa, cuando se agregó la pieza final del ajedrez, al mandar a Jorge Flores a Oaxaca a cambio de Samar Leyva.
Ese día el sinaloense, estando en Oaxaca en ese momento, recibió por la mañana la noticia del movimiento, hizo sus maletas, viajó a Puebla por carretera en su auto, y por la noche aparecía como tercera base y noveno en el orden al bate de los verdes.
Leyva debutó con tres imparables esa noche contra los Tigres, par de remolques y par de carreras anotadas.
No se podía pedir más. Ya con Leyva, Gastélum hizo sus ajustes tanto a la ofensiva como a la defensiva. Movió al de Los Mochis, a su posición natural de la segunda base, y colocó a Drew Stankiewicz en la antesala, posiciones de las que se adueñaron por completo hasta la conquista del banderín.
Para esas alturas en el pitcheo también se habían hecho sus ajustes. El zurdo Héctor Villalobos había llegado procedente de Campeche en un cambio que mandó para allá al relevista Óscar Félix, y en la cuestión de importados ya Luis Santos había tomado el lugar de Ogando, que en 10 salidas sólo había acumulado dos holding (mantener ventajas), mientras Rafael Dolis se mantenía hasta los primeros días de julio con 10 salvamentos en 13 oportunidades.
El compromiso de Dolis parecía no ser el de todos, y precisamente en el segundo de la serie contra el Águila en su visita de la segunda vuelta, el dominicano hizo un pésimo relevo el 7 de julio en el primer juego de una doble jornada, y allí escribió su sentencia.
Su lugar fue ocupado por el colombiano Elkin Alcalá, que precisamente venía con el Águila y perdió en relevo el segundo juego de la jornada.
Veracruz, a un mes del final, requería de un inicialista y decidió prescindir de Alcalá, que fue ofrecido a Pericos, quien no dudó en cambiar a su cerrador.
Ya el organigrama estaba casi completo, ya con Ynoa, Camacho, Héctor Sepúlveda, Héctor Villalobos y Rudy Acosta, como abridores, y en el bullpen un Jesús Huerta, Antonio Carreón, Samuel Alvarado, Axel Sauceda, Jorge Quiñones, Édgar Rodróiguez, Erick Preciado, Luis Santos y Alcalá como taponero.
Faltaba una sola pieza para redondear al equipo: un lanzador más de primera categoría.
“Estamos en eso”, respondió “El Chato” López cuando se le preguntó sobre ese ajuste final en el cuerpo de pitcheo.
Y llegó.
Lo consiguieron vía Toros de Tijuana que ya a punto del cierre de registros le cedió los derechos por el resto de la campaña del lanzador derecho Roel Ramírez, un velocista con experiencia y etiqueta de seleccionado nacional.
Roel venía a consolidar ese bullpen y al pitcheo, un auténtico dolor de cabeza para cualquier manager y coach de pitcheo.
El nacido en Laredo, Texas se anunció el 31 de julio, el mismo día del cierre de altas, y se presentó con Pericos hasta el 3 de agosto logrando su primer holding frente a Durango.
Roel solamente vio acción en tres juegos, lanzó tres entradas en el cierre de la temporada regular, dando esos visos de esperanzas con sus rectas de hasta 97 millas, y a quien los Pericos necesitaban para lo que venía en el camino: los playoffs.
Pericos cerró la campaña con 46-40, pero en las últimas series vio escapar el tercer lugar por el repunte final del Águila que finalizó con 48-40, relegando a los verdes a la cuarta posición.
Desde semanas atrás ya se visualizaba una primera batalla de playoffs entre Veracruz y Puebla, por andar oscilando ambas novenas entre tercero y cuarto. La duda era ¿en dónde comenzaría batalla?
El Águila ganó la carrera final y la localía para abrir en el Beto Ávila la primera ronda de la postemporada en la zona Sur, donde Diablos había sido el mandón, seguido por Tabasco, y ya más atrás Yucatán y Tigres.
Y así, el 8 de agosto comenzaría lo mejor: la postemporada 2023.
CONTINUARÁ…







