El Buitre de Tecamachalco se abrió paso en la Gran Carpa a base de rectas y hasta ahora, a 31 años de su muerte, se mantiene en el recuerdo de los poblanos; ganó el Clásico de Otoño en 1984 con Detroit, que desde ese tiempo no ha vuelto a ser campeón
J.L. Hermida Uscanga
Once años en Ligas Mayores, un anillo de Serie Mundial, una marca impresionante en porcentaje de ganados y perdidos (.633) y otras 10 campañas exitosas en la pelota de verano, siguen manteniendo a Aurelio López Ríos, como el beisbolista más exitoso en la historia de la pelota poblana.
A 31 años de su muerte en aquel fatal accidente del 22 de septiembre de 1992 cuando viajaba por la carretera 157 hacia su natal Tecamachalco, a la altura de Matehuala, San Luis Potosí, nadie se acerca a la calidad del “Buitre de Tecamachalco”, que 1984 alcanzó su consagración en la Serie Mundial con los Tigres de Detroit en la mejor pelota del mundo.
“En ese 1967 cuando lo firmaron los Diablos, Ramón “Chita” García lo vio en el nacional y no lo dejó ir. En Puebla no había equipo y Aurelio no lo dudó”, recuerda Miguel Sarmiento su compañero con la selección de la Angelópolis en ese evento celebrado en Chihuahua.
“Lanzaba fuego”, rememoró Chuchín Calvo, quien fue su cátcher en ese campeonato.
Aurelio necesitó poco tiempo para convencer a los Diablos que tenía madera para jugar en Liga Mexicana y al año siguiente el manager Willie Calviño lo debutó como relevista cuando solo tenía 19 años y en ese mismo año le dio la con fianza para abrir 25 juegos.

De ahí despertó el interés de organizaciones de Grandes Ligas, y a los 25 años llegó a la Gran Carpa con Kansas City.
SU LARGO CAMINO
No fue un camino fácil para Aurelio. En 1974 cuando fue firmado por los Reales, solo alcanzó a lanzar por espacio de 16 entradas, y fue retachado a los Diablos, que recompraron su contrato.
Siguió picando piedra y más maduro, a los 29 años regresó con San Luis, donde tuvo marca de 4-2 y fue enviado a Detroit donde vivió las mejores de sus once temporadas en la Gran Carpa.
Con Detroit pasó siete campañas y desde que llegó “Mr. Smoke” como fue bautizado por los cronistas de Grandes Ligas, mostró su calidad. Con los felinos en 1980 ganó 13 perdió 6 y salvó 21 partidos.
Su consagración sucedió en 1984 cuando firmó una impresionante campaña de 10 triunfos, una derrota, 14 rescates y fue parte fundamental para la conquista de la Serie Mundial, venciendo en cinco juegos a los Padres de San Diego.
Aurelio ganó ese quinto juego que marcó la coronación de los Tigres de Sparky Anderson, con salvamento de Willie Hernández, con quien hizo un 1-2 de antología.
Cuando llegó a Puebla después de su logro hubo homenajes por todos lados, tanto del gobierno estatal como el municipal, que remató un domingo al mediodía en el estadio Cuauhtémoc, donde fue invitado a dar la patada inicial. Jugaba Puebla contra Leones Negros, y la gente se le entregó a su “Buitre de Tecamachalco”.
Pasó a Houston en 1986, donde ayudó a los Astros a llegar a la postemporada y al año siguiente se retiró con los mismos Astros, y a su regreso a su tierra fue convencido para pelear por la presidencia de su municipio natal.
En Grandes ligas registró marca de 62 triunfos, 36 derrotas y 93 rescates en la Gran Carpa, con efectividad de 3.56.
Era presidente municipal de Tecamachalco, cuando aquella tarde del 22 de septiembre de 1992, un día después de festejar su cumpleaños 42, vino el fatal accidente que le costó la vida y sus deseos de volver a jugar beisbol en la pelota invernal con sus queridos Tomateros de Culiacán

Sí, porque el famoso “Buitre”, que todavía lanzaba rectas de fuego, tenía considerado regresar al beisbol a manera de olvidarse todo lo que estaba viviendo dentro de la política, una experiencia que lo llevó incluso a tener roces con el entonces gobernador de ese tiempo, Mariano Piña Olaya, pese a pertenecer al mismo partido (PRI) gobernante de aquellos tiempos.
Su despedida en Tecamachalco fue impresionante., y hoy a la entrada del municipio, hay una imagen con el busto de Aurelio, donde niños y jóvenes reconocen a su ídolo y sueñan algún día llegar a ser como él.
Desde entonces, sólo otro poblano, César Vargas, el primer egresado de la Liga Zaragoza y único en ese circuito que cumplió apenas 50 años de fundado, logró el sueño de jugar en Grandes. Sólo fue una tacita de café con los Padres en 2016, pero lejos todavía de los logros del gran Aurelio.
En la pelota de verano jugó 10 temporadas con los Diablos, con registros de 97 triunfos, 83 derrotas y 99 rescates, lo que le valió ser considerado como el mejor relevista derecho en los 98 años de historia del circuito, hace apenas unos meses.
En 1977, en su última campaña con los Diablos, que perdieron aquella final con los Tecolotes de los Dos Laredos, “El Buitre” salvó 30 juegos.
En la Liga Mexicana del Pacífico militó en Los Mochis, Ostioneros de Guaymas, Algodoneros de Guasave, Tomateros de Culiacán y Venados de Mazatlán, terminando con 50 éxitos, 47 descalabros y una efectividad de 3.01.
Fue elevado al Salón de la Fama del beisbol mexicano meses después de su muerte, en la clase 1993 al lado nada más y nada menos de su amigos y máximos ganadores tanto derecho como zurdo de aquellos tiempos, Ramón Arano Bravo (sigue siendo el líder ganador), Alfredo Ortiz, Oscar Rodríguez, René González, Homobono Márquez y Humberto Galaz.
“En Puebla se ve difícil que haya otro como él. Además de grande, era humilde y sencillo”, remata Sarmiento.
A 31 años de su muerte, Aurelio se mantiene como el mejor. Ningún pelotero nacido en territorio poblano, se ha acercado a sus impresionantes logros, hasta el día de hoy.


