ERMID Enríquez
El destino de los Lobos BUAP comenzó a escribirse desde que el empresario Mario Mendívil entró al relevo pagando 120 millones de pesos para salvar la franquicia y permitir que siguiera participando en la Liga MX después de su estrepitoso descenso en su misma primera aventura en el máximo circuito del futbol mexicano.
Los universitarios lograron su acenso en el año futbolístico 2016-2017 y tuvieron su primera participación en la Liga MX en el Apertura 2017 donde consiguieron un súper torneo de 23 puntos que los tenía ya en el borde de la salvación.
Pero se confiaron. Pensaron que ya estaba salvados y pagaron el precio derrumbándose de manera estrepitosa, y despidiendo a su técnico Rafa Puente en las últimas cuatro fechas del torneo, dejando todo en manos de su auxiliar Daniel Alcántar que no pudo sumar ni uno de los cuatro puntos que necesitaba para conservar la permanencia.
Fue allí donde se acogieron al reglamento, pero la BUAP argumentó no tener dinero para pagar.
Fue cuando apareció la figura de Mendívil, lo presentaron como nuevo dueño y pagó los 120 millones de pesos para salvar la permanencia de los universitarios.
Pero empezó la historia de telenovela. ¿Quién manejaría a los Lobos?
Era un hecho que la universidad no quería perder el control. Los mandos que puso el rector no aceptaban hacerse a un lado, a pesar del fracaso que ya habían tenido, y empezó el estira y afloja.
El primer torneo fue de manejo compartido, pero era claro que dentro de la universidad había un incómodo que no dejaba trabajar a los nuevos.
Al final, los “nuevos dueños” dejaron de pagar salarios, y cuando se soltó la bomba, de allí se agarraron para tener el control absoluto del equipo.
Para el segundo torneo la tarea era clarea, salvar el equipo, revalorarlo y venderlo. Máxime cuando no había ni jugadores propios ni un proyecto a largo plazo.
Los rumores aparecieron cuando Lobos selló su salvación, a medio torneo, por la mediocre competencia que dio el Veracruz.
Aparecieron tiradores como Tampico, Mazatlán y Juárez.
Todavía, días antes de la fecha señalada para el regreso a los entrenamientos, Mendívil negó que la franquicia cambiaría de sede, lo que confirmó en la junta de dueños.
La sospecha se reavivó cuando retrasaron una semana el inicio de los entrenamientos, y en Juárez se aseguró que Lobos se convertiría en Bravos.
La noticia fue fortalecida por la declaración de Palencia de que no seguiría como técnico del equipo.
Ya el “tinclado” estaba hecho. Mendívil ya había llegado a un acuerdo con las televisoras y la gente de Juárez para vender al equipo. Eso sí, al momento de hacerlo tendría que pagar a la BUAP 90 millones de pesos, un rescoldo que quedó a la hora de salvar la franquicia.
La idea era clara, revalorar la franquicia, y en lugar de soltarla en los 5 millones de dólares que vale un equipo de Ascenso, venderla en los 20 o 25 millones de dólares que cuesta una de la Liga MX.
Mendívil y su grupo podrían tener la razón. Era el momento justo, ya que la falta de afición en el estadio para presenciar los duelos de Lobos como local, pudo también ser también el origen de la decisión final.
Pero negocios son negocios, y fue el momento para recuperar lo invertido, y llevarse una ligera ganancia.
El futuro de Lobos se decide esta misma semana, donde ahora sí abiertamente se conocerá el desenlace de su historia.
